San Francisco y la Laudato Si

La encíclica “Laudato si” resalta algunos puntos importantes en la vida de San Francisco de Asís. Concretamente encontramos una relación fuerte con el “Cántico de las criaturas”. En efecto, el papa actual recuerda que san Francisco, con su hermoso cántico «Laudato si’, mi’ Signore», nos advertía que nuestra casa común es también como una hermana, con la que compartimos la existencia, y como una madre hermosa que nos acoge en sus brazos. 

La Encíclica coloca en clara relación a San Francisco y la naturaleza. Destaca lo que se dice hoy en día sobre San Francisco, es decir, que se le conoce sobre todo como el protector de la naturaleza, el medio ambiente y la creación. Sin embargo, leyendo los Escritos y las Biografías, observamos que Francisco no se comprometía directamente para salvar la naturaleza y no se hacía su protector: en efecto, en su tiempo la naturaleza no estaba en peligro; no era explotada por un progreso desenfrenado e irresponsable, como sucede a menudo hoy. Francisco, en primer lugar, amaba a Dios. De este amor nace también el amor a todo lo que Dios bueno ha creado: todo es la creación del Padre celestial, todo da gloria al Padre. Por eso, no sólo el ser humano, sino también toda la creación es “hermana, hermano, madre”. 

En este sentido, la encíclica pone en relieve un rasgo típico de Francisco. La novedad que introduce con su comportamiento hacia la creación es que Francisco utiliza el nombre de hermano y hermana para toda la creación, no sólo para el hombre o la mujer; esto, nadie lo había hecho nunca. Si es comprensible llamar hermano o hermana a un hombre o a una mujer, ¿qué sentido tiene esta palabra para toda la creación? 

Francisco vivía una fraternidad cósmica, asumiendo una relación con las características de hermano y menor hacia todo el cosmos; él insiste en las características de la fraternidad y la minoridad hacia toda la creación. Por eso, en la conclusión de su oración, Saludo a las Virtudes, habla de una obediencia que nos pone en una relación de sumisión no sólo hacia cada persona, sino también hacia los animales.[1] Así, la relación fraterna y de menor, que caracteriza a Francisco, se convierte en una actitud universal que se extiende a toda criatura. Como dice la encíclica, en él se encuentra “hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, el amor a Dios y al género humano, la justicia hacia los pobres, el compromiso en la sociedad, la paz interior, el diálogo entre las culturas y religiones, etc.” (LS, 10). “Todo está unido, y esto nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Santa Trinidad” (LS, 240).

De ahí se desprende que la creación nunca puede ser tratada como un objeto, que sólo se utiliza, consume y descarta. La creación de Dios, así como el hombre y la mujer, no pueden ser un descarte, porque el descarte degrada la calidad de vida en general, las relaciones humanas y la fraternidad mundial. En efecto, según la encíclica, san Francisco “se opone” a la cultura del descarte, con una visión diferente, el de la acogida. Practica un estilo que acoge a todos como hermano y hermana en una única fraternidad o en una familia indivisa (Recordemos bien que el papa Francisco, durante el bloqueo por la pandemia, en una plaza desierta de San Pedro, dijo que todos estamos “en el mismo barco” y que, para salvar el barco, debemos comprometernos todos o todos moriremos).

Así entonces, la Encíclica, con el Cántico del Hermano Sol, asume y manifiesta una atención particular a la relación entre Dios, el hombre y la creación, también porque es evidente que cuando esta relación deja de existir, siempre conduce a un conflicto que daña el orden y la calidad de la vida. Por lo tanto, la armonía que San Francisco vivió con todas las criaturas se interpreta a su vez como una sanación de la relación armoniosa original entre Dios, el ser humano y la naturaleza, la cual se ha transformado, desde el principio en una ruptura, según las primeras páginas del Génesis. (cfr Gen 3,17-19). La Encíclica afirma: “La persona humana, mientras más crece, madura y se santifica cuanto más entra en relación, para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas.”. Es por eso por lo que, “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social” (LS, 49).

Esta relación entre Dios, el hombre y la creación crea el verdadero sentido de la ecología integral. Integral significa que es una relación fundamental, pero también compleja. Por esta necesidad y complejidad el papa invita a crear una red interdisciplinaria para afrontar el problema ecológico de la manera correcta. No se puede limitar solamente a un nivel, quizás sólo el técnico-científico. De hecho, la perspectiva de la Ecología integral concierne a todos los niveles, desde el teórico hasta el social, organizativo, relacional y proyectual. La ecología es integral porque afecta no sólo al entorno natural, sino también a la sociedad humana, la economía y la política, que están estrechamente relacionadas entre sí.

Exactamente es eso lo que Francisco había intuido en su Cántico: la primera parte del texto alaba a Dios por las criaturas, posteriormente agrega una estrofa que habla de “aquellos que perdonan por tu amor” y de aquellos que “soportan enfermedad y tribulaciones”, es decir, de una humanidad reconciliada en la justicia y la paz; y que finalmente llega a alabar a Dios incluso por la muerte. Esta es una visión verdaderamente integral: está la creación, pero también está el hombre con su historia de división y reconciliación, de sufrimiento y de paz, e incluso está la muerte. Francisco de Asís había intuido bien este entrelazamiento de diversos niveles que el Papa Francisco expresa con la expresión ecología integral.

Por último, su amor a la creación es práctico, esencial y fraterno, no teórico. También nuestras opciones y nuestro estilo de vida, tanto con el hombre como con la naturaleza, deberían ser así: no sólo idealistas o románticos, sino capaces de opciones concretas.

[1] “y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo, y no únicamente a solos los hombres, sino también a todas las bestias y fieras, para que puedan hacer de él todo lo que quieran, en la medida en que les fuere dado desde arriba por el Señor” (SalVir 16-18).


Fr. Siniša Balajić, OFM

Fr. Siniša Balajić, OFM

Orden Frailes Menores

Vice – secretario general para la Formación y los Estudios.

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